dejé de comer en mayo y en noviembre aún no tenía hambre



ese pequeño verso forma parte del nuevo poemario que ya está acabado y que pienso publicarlo pero esta vez aquí en Chile

la historia que narro, proso y que habla por sí misma, no es tan distinta a la de muchos de nosotros

en mayo de 2016, a las 06:15 de la mañana, desperté en ese delirio que verás allá abajo y que es donde hoy escampan mis huesos, abrí los ojos con la angustia propia de un camino que se pierde mar adentro y se va para nunca más volver, escupí el llanto injusto del hombre cuando se empapa en el tormento, no lo lancé tan fuerte, más bien lo hice en riguroso y estricto silencio, cubriéndome la cara con ambas manos, pese a que no había nadie a quien pudiera despertar
lo que recuerdo es que estaba hecho un ovillo en el sillón, entumecido de ratas,
me hice feto, me hice llanto

y así la lloré

cuando me di cuenta que parecía un maricón lloriqueando de esa vergonzosa manera dije basta y me dirigí a la habitación del fondo, la cueva
saqué decidido el revólver que había guardado siete horas antes en la mochila y con una prisa demasiado lenta para llamarse prisa me lo puse en la sien derecha y apreté el gatillo

supe del miedo 

gracias a dios el arma nunca funcionó, me devolví al sillón, me eché y seguí llorando en silencio, pero no por mí, sería una soberana y egoísta estupidez pensarlo de esa forma, no señor, no señora, no me puse a llover por este cuerpo mío, sino por la vida y el afecto de quienes supieron comprender mi vendaval

el resto de lo que sucedió desde ese día hasta febrero del presente año, que fue cuando abrí la jaula para encerrar lo que jamás debió haber salido, se encuentra en el poemario: el incendio del hospicio, la muerte de toda esa gente que carbonizada se marchó al infierno, las peripecias de la psiquiatra para que no la culpara a ella por haber prendido la mecha, los vecinos gritando, el humo, la paliza, las partes rotas de un rompecabezas de amarga solución, mi padre que en sueños me espera con los brazos abiertos en un lugar más genuino y amable que este mundo en donde hasta el cansancio citan a la Pizarnik como sinónimo de huida, pero vete a la mierda si amaneces con un poco de fiebre o te sale un quiste, te cagas de pánico

conozco de memoria a los que alguna vez supieron lo que yo vi esa oscura madrugada de mayo, por eso los respeto y los admiro, porque de los cobardes es el reino de los cielos y también ellos deben comprenderme a mí aunque después viajemos en aviones a tantos países y ciudades, siempre en low cost, pero sabemos muy bien cómo lavarnos la cara sin molestar en demasía al animal 

y hay algo que nunca se robará el instinto asesino y su miseria: la ternura y la decencia de tu flor

cada uno tiene lo que se merece y hay que ser feliz con lo que se posee, nadie carga el futuro tan asegurado
ni en promesas de compra 
ni en la herencia brutal de una genética que raja

que el día menos pensado se va a ir todo a la chingada y a la misma reputa madre que nos parió 






















...sabía muy bien dónde me hallaba

existe un solo lugar en el mundo donde hay un piano/ la mitad derretido por el fuego
y la otra mitad intacto

mil años atrás
este lugar había ardido
fruto de un nefasto incendio

en Chile solemos encerrar en manicomios
a pirómanos de primera categoría
les convidamos cigarrillos y mecheros
para que fumen

porque somos malvados

no respetamos la constitución
e íbamos a respetar a los enfermos

ese día ardió Troya. Se incendió el hospicio y murieron calcinados 20 esquizofrénicos y 5 mujeres que estaban allí porque se las comía viva la angustia. Los enfermeros, que se juraban dueños de una cárcel, habían dejado la puerta que comunicaba el interior con el patio y la salida cerrada con candados. Es decir, los dejaban recluidos e indefensos por las noches. Y eso. Que Ardieron. Se quemaron vivos. Se calcinaron. A la media hora se podía oler en el ambiente un aroma a carne quemada que te revolvía el estómago. 




y adentro
había un piano




la cuestión es que se incendió el loquerío, fallecieron, entre humos y demencias, 25 personas con sus respectivos recuerdos incrustados en el pecho, almacenados en kilómetros y kilómetros de esquizofrenia, abandono y soledad, testigos presenciales del arder de una locura, ellos, todos ellos convertidos en ceniza/ mártires de una horrorosa clase magistral de hipnosis y el gentil y amable patrocinio de tu mirada-péndulo/ mezcla fatal de coágulo y hechizo

se fueron en el humo

se fueron a la mierda

dejaron manchado de tizne y hollín
aquel palacio presidencial de los anhelos
desde donde te estoy escribiendo
ahora

ahora, yo
tu mujer de antes
que te dice ven/ tengo una hamaca y un regazo
en donde puedes apoyar tu culpa
cuando no ardiste
vagabunda funesta
por mal parida/ dictadora
y ladrona del agua

porque eres culpable de todo
sin siquiera haber conocido el manicomio
y en ese hogar/ óyeme
había un piano

y cuando todo fue tortura y genocidio
crimen de la más alta lesa humanidad 
el piano comenzó a prenderse

obviamente nadie se preocupó por él. Llegaron los bomberos y de inmediato se pusieron a rescatar los cristos rotos que desperdigados se retorcían en el suelo/ como ovillos de carne que imploraban a gritos partir/ partir ya. Salvaron algunas vidas/ pero la muerte esa noche iba con hambre. Lograron rescatar las carpetas donde se archivaban los casos clínicos de cada paciente. El administrador del hogar/ que lo podías ver tan tierno durante los días de semana/ sentado en su oscura oficina/ decorada con esas típicas chucherías de bazar pobretón que hay en todos los barrios, bueno, a esa noctámbula hora al viejo lo podías ver corriendo en pijama de aquí para allá (fue en pijama apenas le avisaron, andaba con pijama y mocasines)/ le gritaba a los bomberos que salvaran la caja fuerte y el armario donde se almacenaban los remedios/ ambas cosas te diré que fueron imposibles/ se le perdieron los cheques al monito con más rango/ simio asqueroso que cada jornada tan atento recibía a los familiares que llegaban a dejar bebidas y galletas a sus desafortunados parientes/ gente loca al fin y al cabo/ gente asquerosa/ voces que no valían la pena/ estorbos que generaban dinero a las arcas demoníacas del señor administrador/ desgraciados pájaros que ahora revoloteaban por el aire a través de un espeso olor a carne y pelo quemado

finalmente los bomberos lograron extinguir el incendio

pero de fondo
en silencio
tímidamente y sin despertar sospechas
tranquilo
tranquilo como un cantor
cuando nadie le apedreó por cantar mal
yacía un piano

quedó mitad quemado
mitad con vida

mitad pena de muerte



MITAD UN DIOS ENVENENADO
QUE A PUNTA DE PASTILLAS
ME OBLIGARON A TOCAR